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Gabinete de psicología y desarrollo personal

Patricia Derlinchán

Terapia sexual

En el día a día de una pareja existen numerosos pequeños detalles que pueden contribuir a acentuar el grado de satisfacción entre ambos miembros de la pareja. Uno de estos detalles, y que además, sirve como elemento de cohesión entre las parejas, es el contacto físico y el disfrute sexual compartido.
Estos dos elementos son muy importantes para fortalecer la unión entre ambos, pero en muchos casos lo único que genera son más tensiones y problemas, convirtiéndose en una fuente de conflictos.

La frecuencia, el tipo de prácticas, la falta de deseo, la presencia de disfunciones sexuales, la monotonía, déficit en la comunicación, autoestima baja,  problemas diarios de cada uno de los miembros, son numerosos los factores que influyen en la vida sexual de una pareja, y que repercuten de manera negativa en la relación. Por ello, es importante prestar atención a los posibles problemas y tratar de poner solución, sobre todo si éstos están deteriorando la relación o si para uno de los miembros es importante.

En la sexualidad se ven implicados factores fisiológicos, emocionales y cognitivos, y éstos a su vez, están presentes en la mayoría de problemas y disfunciones sexuales que mencionan los pacientes.

Entre las disfunciones sexuales más comunes podemos destacar:

- Deseo sexual hipoactivo: es la disminución o ausencia de fantasías y deseo de actividad sexual de manera persistente, ocasionando malestar significativo en el sujeto que lo padece.

- Trastorno por aversión al sexo: es la aversión persistente y la evitación de cualquier contacto sexual y genital con la pareja. Ante la actividad sexual pueden presentar niveles elevados de ansiedad y pánico. Algunas personas pueden manifestar esta aversión sólo ante determinadas conductas sexuales.

- Trastorno de la excitación en la mujer: es la incapacidad persistente y recurrente, para obtener o mantener la respuesta de lubricación hasta la finalización de la actividad sexual. Psicológicamente esto se define como la carencia de una sensación subjetiva de excitación sexual y de placer durante el acto sexual.

- Trastorno en la erección en el hombre: es la dificultad asociada a la capacidad de obtener y mantener una erección suficientemente rígida para la penetración hasta la finalización de la actividad sexual. Las causas pueden ser orgánicas, psicógenas y/o mixtas.

- Trastorno orgásmico femenino: es la ausencia o retraso de forma persistente o recurrente del orgasmo, después de haber desarrollado una fase de excitación normal.

- Trastorno orgásmico masculino: consiste en la dificultad para eyacular, incluso con la estimulación sexual adecuada. Se incluye en este trastorno la eyaculación retardada o inhibición de la eyaculación.

​- Eyaculación precoz: consiste en eyacular antes de lo que el hombre desearía o demasiado pronto como para satisfacer a la otra persona durante la relación sexual.

- Dispareunia: se define como dolor genital persistente o recurrente que se produce justo antes, durante o después del coito. El dolor puede producirse en el área genital o en el interior de la pelvis. A menudo, este dolor se describe como agudo, ardor o similar a los dolores menstruales.

- Vaginismo: se caracteriza por la contracción de los músculos vaginales, provocando fuertes e involuntarios espasmos que producen un dolor intenso durante la penetración. En muchos casos se considera que es producto de una respuesta aprendida, frecuentemente como consecuencia del trastorno mencionado anteriormente, la dispareunia.

​- Disritmia: consiste en la diferencia de la frecuencia y la hora en que cada miembro de la pareja le gusta mantener relaciones sexuales. Esto tiene como consecuencia, numerosas repercusiones negativas en la pareja, llegando a provocar la ruptura.

En terapia muchas veces tenemos que trabajar las falsas creencias, los mitos, los pensamientos poco adecuados relacionados con la sexualidad y la falta de información. La terapia cognitivo-conductual es muy eficaz en estos casos para modificar o eliminar los comportamientos inadecuados, y sustituirlos por otros más adecuados. El objetivo del tratamiento es provocar, en la persona que está sufriendo algún problema de índole sexual, un cambio conductual observable y medible, ya sea a nivel fisiológico, motor, cognitivo o emocional.

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